Volver a casa siempre es una transición, pero esta vez se sintió diferente. Después de nuestro reciente viaje a los Países Bajos, llegamos de vuelta bastante agotados. El trayecto había sido duro y sentíamos que íbamos con las reservas al mínimo.
Pero entonces salimos a nuestra tierra en Moya y nos dimos cuenta de que habíamos vuelto justo a tiempo para ver cómo el mundo despertaba.
Un paseo por nuestro huerto
Esta tarde decidimos bajar cuesta abajo, adentrándonos en las zonas más bajas de nuestra finca. Somos muy afortunados de tener esta gran extensión de terreno llena de árboles frutales y, ahora mismo, es un espectáculo.
Mientras el norte de Europa aún se sacude el frío del invierno, aquí, cerca de Fontanales, la primavera no solo ha llegado: lo ha invadido todo por completo. El contraste es impresionante. Miremos donde miremos, vemos vida nueva. Los pequeños brotes por fin están abriéndose, y nuestros árboles están cubiertos por una suave y fragante manta de flores.
Encontrar nuestro equilibrio
Decidimos parar un rato y simplemente empaparnos de todo. Estar sentados allí, entre los árboles, escuchando el zumbido bajo y constante de las abejas atareadas, se sintió como la mejor terapia. Ver a los perros jugar y zigzaguear entre la hierba alta y las flores nos recordó que hay que disfrutar del momento.
A veces hay que irse para apreciar de verdad la magia de tu propio jardín. El viaje fue duro, pero pasear por nuestro huerto en flor nos recuerda por qué elegimos esta vida. Por fin estamos recargando las pilas. La primavera está aquí, y nosotros también.






